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Tricomonas en palomas: cuando tratar por rutina puede reducir la eficacia de los medicamentos

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19 de octubre de 20269 min de lectura
Tricomonas en palomas: cuando tratar por rutina puede reducir la eficacia de los medicamentos

Las tricomonas forman parte de los problemas sanitarios más conocidos entre los colombófilos. Durante décadas, los tratamientos frente a Trichomonas gallinae se han utilizado de forma habitual en los palomares, muchas veces incluso sin confirmar previamente si el parásito estaba presente. Pero un estudio científico publicado en 2026 plantea una cuestión especialmente importante: ¿qué ocurre cuando utilizamos repetidamente los mismos medicamentos durante años? Investigadores de varias universidades españolas y de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena analizaron 220 palomas procedentes de 11 palomares del este de España.

El resultado fue llamativo: Trichomonas gallinae estaba presente en el 63,6 % de las aves estudiadas, y una parte importante de los aislados mostró una sensibilidad reducida al metronidazol. El mensaje del estudio merece atención: tratar más no significa necesariamente controlar mejor el problema.

Trichomonas gallinae es un protozoo flagelado que afecta especialmente a palomas y tórtolas y que produce la enfermedad conocida como tricomonosis. El parásito se localiza principalmente en la boca, garganta, esófago y buche. Algunas aves pueden permanecer infectadas sin mostrar signos evidentes, mientras que otras desarrollan lesiones importantes. En los casos clínicos pueden aparecer placas o masas amarillentas y caseosas en la boca y garganta, dificultad para comer o tragar, adelgazamiento, debilidad y apatía, aunque las infecciones crónicas pueden pasar mucho más desapercibidas.

La transmisión puede producirse mediante contacto directo, por ejemplo de los padres a los pichones durante la alimentación, pero también mediante agua o alimentos contaminados, lo que explica la importancia de los bebederos, los comederos y la higiene general del palomar.

Un estudio con 220 palomas españolas

El trabajo publicado en 2026 analizó 220 palomas pertenecientes a 11 palomares de la Comunidad Valenciana, distribuidos entre Valencia, Alicante y Castellón. Es importante precisar que las aves del estudio participaban en diferentes modalidades de competición, principalmente concursos morfológicos y de “Pica”, por lo que no se trataba específicamente de una población de palomas mensajeras de carreras. Aun así, el estudio resulta muy relevante para la colombofilia porque analiza el mismo parásito, los mismos medicamentos utilizados habitualmente en palomas y unas prácticas sanitarias que también pueden encontrarse en otros tipos de palomares.

Las aves fueron examinadas mediante microscopía y cultivo, métodos que permitieron detectar la presencia del parásito y posteriormente estudiar su sensibilidad a los medicamentos. El resultado fue claro: 140 de las 220 palomas estaban infectadas, un 63,6 %, es decir, prácticamente dos de cada tres aves examinadas.

Un punto importante es que la presencia del parásito no significa automáticamente que una paloma tenga una enfermedad clínica grave. Existen animales infectados que aparentemente están sanos y en los que las tricomonas únicamente pueden descubrirse mediante un examen de garganta, cultivo u otras pruebas diagnósticas. Esto ayuda a entender por qué las tricomonas pueden permanecer durante mucho tiempo dentro de un palomar. Una cosa es estar infectado y otra diferente desarrollar lesiones, pérdida de condición o enfermedad clínica. También explica por qué intentar eliminar permanentemente cualquier tricomonas mediante tratamientos repetidos puede convertirse en una estrategia problemática.

El dato más preocupante del estudio apareció al analizar la sensibilidad al metronidazol. Los investigadores consiguieron estudiar en laboratorio 42 aislados de T. gallinae y en el 45,2 % detectaron valores elevados de concentración mínima letal, utilizando como referencia valores de 40 µg/ml o superiores. Además, estos aislados con sensibilidad reducida aparecieron en 9 de los 11 palomares estudiados.

Aquí conviene utilizar correctamente las palabras. Los investigadores explican que todavía no existe un punto de corte establecido específicamente para definir resistencia al metronidazol en T. gallinae. Por tanto, científicamente es más preciso hablar de sensibilidad reducida o de valores elevados de concentración mínima letal que afirmar que todos esos aislados eran completamente resistentes. Aun así, la tendencia resulta preocupante, porque si para eliminar determinados aislados se necesitan concentraciones progresivamente mayores del mismo medicamento, su eficacia práctica puede terminar disminuyendo.

Cuando tratar demasiado puede convertirse en parte del problema

Este es posiblemente el punto más importante del trabajo. Los investigadores observaron que la exposición al metronidazol estaba asociada con valores más altos de concentración mínima letal. En otras palabras, los aislados procedentes de determinados contextos donde había existido exposición al medicamento mostraban una menor sensibilidad al mismo. Los propios autores señalan que el uso extendido de nitroimidazoles podría estar favoreciendo la selección de tricomonas menos sensibles.

El principio es relativamente sencillo. Cuando una población de parásitos entra repetidamente en contacto con un medicamento, los más sensibles son los primeros en desaparecer, mientras que aquellos capaces de soportarlo mejor tienen mayores posibilidades de permanecer y multiplicarse. Con el tiempo, la población puede ir seleccionándose hacia una mayor tolerancia al tratamiento.

Otro aspecto interesante es la forma de administrar estos medicamentos. Todas las administraciones de nitroimidazoles registradas en los palomares estudiados se realizaban mediante el agua de bebida. Es una práctica cómoda cuando se quiere tratar a muchas palomas simultáneamente, pero presenta un problema importante: no todas las aves beben exactamente la misma cantidad de agua. Los autores señalan que esto hace difícil conocer la cantidad real de medicamento que recibe cada paloma y puede favorecer situaciones de infradosificación.

Una paloma que recibe una cantidad insuficiente puede quedar expuesta al medicamento sin que el tratamiento consiga eliminar completamente el parásito. Además, factores como la temperatura, el consumo de agua, la jerarquía dentro del palomar o incluso la palatabilidad del agua medicada pueden hacer que la cantidad ingerida varíe notablemente entre individuos.

El estudio también resulta interesante por la manera en que los criadores utilizaban estos medicamentos. Todos los colombófilos encuestados habían realizado tratamientos preventivos en algún momento, aunque algunos habían dejado de hacerlo porque no observaban mejoras en sus animales. También se detectaban cambios de protocolo realizados frecuentemente sin supervisión veterinaria.

Esto lleva directamente a una reflexión importante para cualquier palomar: ¿debemos tratar porque realmente existe un problema o simplemente porque ha llegado una determinada semana del calendario? El estudio no propone dejar sin tratamiento a las palomas enfermas. Lo que cuestiona es precisamente el uso indiscriminado y repetitivo de medicamentos sin diagnóstico.

Diagnosticar antes de medicar

Aquí aparece una herramienta que puede resultar especialmente útil: el microscopio. Trichomonas gallinae puede detectarse mediante el examen microscópico de una muestra fresca obtenida de la garganta. El diagnóstico también puede confirmarse mediante cultivo y, cuando resulta necesario, mediante técnicas moleculares como PCR.

Esto permite cambiar completamente el enfoque. En lugar de pensar: “ha llegado la carrera importante, toca tratar tricomonas”, podríamos pasar a: “vamos a comprobar primero si existe realmente un problema”.

Este tipo de estrategia puede ayudar a reducir tratamientos innecesarios y, al mismo tiempo, detectar rápidamente aquellos casos en los que sí existe una infección que requiere intervención. No se trata de ignorar las tricomonas ni de dejar sin tratar a una paloma enferma, sino de utilizar mejor las herramientas disponibles.

Los investigadores también analizaron genéticamente los aislados y comprobaron que el genotipo C era claramente predominante, aunque también aparecieron algunos aislados del genotipo A, infecciones mixtas A/C y un aislado perteneciente a otra línea genética. Otro dato interesante es que la sensibilidad reducida al metronidazol no estaba limitada exclusivamente a un determinado genotipo, lo que indica que el problema no parece depender simplemente de una única variante concreta de T. gallinae que se esté expandiendo.

El estudio también buscó asociaciones con diferentes características de las palomas. Los investigadores no encontraron una relación significativa entre los valores de sensibilidad al medicamento y el sexo, la edad o el estado reproductivo de las aves. También analizaron diferentes características de manejo. La elevada densidad de aves y unas condiciones higiénicas mejorables eran frecuentes en algunos de los palomares donde aparecieron aislados menos sensibles, pero el estudio no consiguió demostrar estadísticamente que esos factores fueran la causa directa de esa menor sensibilidad.

Aun así, la higiene sigue siendo fundamental. Si reducimos la transmisión del parásito, disminuye también la necesidad de medicar. Bebederos limpios, agua renovada, evitar contaminación entre grupos de palomas y mantener una buena higiene general del palomar son medidas básicas para reducir la circulación de T. gallinae.

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¿Significa esto que el metronidazol ya no funciona?

No. Y sería un error interpretar el estudio de esa manera. Los investigadores no afirman que el metronidazol haya dejado de ser eficaz contra todas las tricomonas. Encontraron una gran variabilidad entre aislados: algunos eran sensibles con concentraciones relativamente bajas y otros necesitaban concentraciones mucho mayores. Lo que demuestra el estudio es que existe una proporción preocupante de aislados con sensibilidad reducida, y que la exposición previa al metronidazol está relacionada con valores más elevados de concentración mínima letal.

Por tanto, el verdadero mensaje es otro: no podemos asumir que un tratamiento funcionará siempre simplemente porque funcionó durante años.

Cambiar continuamente de un producto a otro tampoco garantiza evitar la aparición de problemas. Los nitroimidazoles incluyen diferentes principios activos utilizados históricamente frente a las tricomonas, pero la literatura científica ya ha descrito fenómenos de resistencia cruzada entre diferentes nitroimidazoles, es decir, tricomonas que muestran menor sensibilidad a más de un medicamento de la misma familia.

Por eso el enfoque más razonable no consiste simplemente en buscar un medicamento cada vez más fuerte, sino en intentar saber qué problema tenemos realmente antes de tratarlo.

El estudio realizado en España tampoco pretende dar una receta universal para todos los palomares. Su muestra incluye únicamente 11 instalaciones de una región concreta y unas modalidades determinadas de competición, por lo que sus resultados no pueden extrapolarse automáticamente a todas las palomas de España ni específicamente a todas las palomas mensajeras. Los propios autores califican algunas comparaciones como exploratorias debido al diseño del estudio.

Pero el mensaje general resulta difícil de ignorar: el 63,6 % de las palomas analizadas estaban infectadas, el 45,2 % de los 42 aislados estudiados presentaron valores elevados de concentración mínima letal al metronidazol, estos aislados aparecieron en 9 de los 11 palomares y la exposición al medicamento se relacionó con una menor sensibilidad al mismo.

Tratar menos, pero tratar mejor

Durante muchos años, una parte del manejo sanitario de las palomas se ha basado en calendarios: tricomonas antes de la temporada, nuevamente antes del fondo, respiratorio antes de una carrera importante y otra vez tricomonas después.

Pero estos resultados invitan a plantearse otro modelo: diagnóstico, tratamiento cuando está justificado y control posterior.

n el caso de las tricomonas, disponer de herramientas relativamente sencillas como la observación microscópica puede ayudar enormemente. No se trata de dejar de tratar una enfermedad cuando existe, sino de evitar tratamientos innecesarios que pueden terminar haciendo menos útiles las herramientas que tendremos que utilizar cuando realmente las necesitemos.

Quizá esa sea la principal enseñanza de este estudio. Durante años hemos pensado que prevenir significaba medicar antes de que apareciera el problema. La investigación actual obliga a plantearse otra posibilidad:

quizá una buena prevención empiece precisamente por no medicar cuando no hace falta.

Toda la información obtenida del siguiente artículo.

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Palma, Islas Baleares, España

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