La alimentación es uno de los pilares del rendimiento de una paloma mensajera. Pero aportar más energía no significa necesariamente alimentar mejor. Un estudio científico publicado en 2025 analizó cómo diferentes niveles de energía metabolizable en la dieta afectan a la digestión, distintos parámetros sanguíneos y la microbiota intestinal de palomas sometidas a entrenamiento diario.
Un estudio con 200 palomas
Los investigadores trabajaron con 200 palomas, divididas en cinco grupos de 40 animales. Todas realizaron una hora diaria de vuelo y el experimento tuvo una duración de 90 días.
La diferencia entre los grupos estaba en la cantidad de energía metabolizable de la dieta:
- 12,03 MJ/kg - 12,20 MJ/kg - 12,32 MJ/kg - 12,46 MJ/kg - 12,59 MJ/kg
El objetivo era comprobar cómo pequeñas variaciones en la concentración energética podían influir en el organismo de una paloma sometida regularmente al ejercicio.
Más energía no significa automáticamente mejores resultados
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que no apareció un único nivel energético que fuese superior en todos los parámetros analizados.
Por ejemplo, las palomas alimentadas con una dieta de 12,32 MJ/kg presentaron la mayor digestibilidad de proteína bruta.
Sin embargo, el nivel más alto estudiado, 12,59 MJ/kg, produjo una mayor digestibilidad de la materia orgánica y de las grasas en determinados análisis.
Esto demuestra que hablar simplemente de una dieta “más fuerte” o “más energética” puede ser demasiado simplista. El organismo utiliza de forma diferente los nutrientes dependiendo de la composición global de la alimentación.
El equilibrio también aparece en la sangre
Los investigadores analizaron numerosos parámetros sanguíneos relacionados con el metabolismo y el estado fisiológico de las palomas.
Curiosamente, algunos indicadores como las proteínas totales y las globulinas fueron superiores en el grupo que recibió la dieta de menor energía, 12,03 MJ/kg.
Además, cuando la energía de la dieta superó los 12,32 MJ/kg, el estudio observó incrementos en determinadas enzimas como AST, ALT y ALP. Los autores consideran estos resultados relevantes a la hora de valorar el efecto metabólico de aumentar la energía de la alimentación.
Por tanto, incrementar la densidad energética de una mezcla no debería interpretarse automáticamente como una mejora para la paloma.
La alimentación también modifica la microbiota intestinal
Otro aspecto especialmente interesante del trabajo fue el estudio de las bacterias presentes en las heces.
Los distintos niveles de energía modificaron tanto la diversidad como la composición de la microbiota intestinal. El grupo de 12,46 MJ/kg, por ejemplo, presentó una mayor uniformidad microbiana en uno de los índices estudiados que los grupos alimentados con 12,03 y 12,20 MJ/kg.
Los investigadores también observaron cambios en diferentes grupos bacterianos relacionados con el metabolismo de los carbohidratos y la obtención de energía.
Esto refuerza una idea cada vez más importante en nutrición: la dieta no alimenta únicamente al animal, sino que también modifica el ecosistema de microorganismos de su aparato digestivo.
Entonces, ¿cuál es el nivel ideal?
El estudio no permite afirmar que exista una cifra mágica válida para todas las palomas.
Dependiendo de lo que se analice —digestibilidad de proteínas, aprovechamiento de grasas, parámetros sanguíneos o microbiota— aparecen ventajas en distintos niveles de energía.
Por ello, una de las principales enseñanzas prácticas es que la alimentación debe buscar equilibrio y no simplemente la máxima concentración energética posible.
Las necesidades de una paloma también pueden cambiar según el volumen de entrenamiento, duración de las carreras, estado corporal, temperatura ambiental y momento de la temporada.
Alimentar para el trabajo que debe realizar la paloma
Una paloma sometida a ejercicio necesita disponer de suficiente energía para entrenar, recuperarse y mantener sus funciones fisiológicas.
Pero este estudio recuerda que más no siempre significa mejor.
La correcta alimentación debería buscar que la paloma pueda digerir y aprovechar eficazmente los nutrientes, mantener un buen equilibrio metabólico y conservar una microbiota intestinal estable.
La competición comienza mucho antes del enceste. Y una parte importante de ese trabajo se realiza cada día en el comedero.
Basados en el estudio de Xiao Bin Li, Xin sheng Guo, et al. publicado en septiembre del 2025.


